Segundo Capítulo


CAPÍTULO 2
Aledis se despertó con un dolor de cabeza que la destrozaba el cráneo, subida a lo que supuso que era un caballo y apoyada en algo sólido que subía y bajaba al compás de una respiración.
Ducain estaba concentrado en el camino, sentado detrás de Aledis, y unos diez metros por detrás del caballo donde iban Sol y Tielo.

Aledis se incorporó y fue entonces cuando una mano enredada en su cintura la obligó a recostarse otra vez en el pecho de Ducain, cosa que agradeció por el dolor de cabeza.

-Estás muerto- musitó la chica- vi cómo una flecha te atravesaba el pecho, estás muerto.- ella no entendía nada.

-No, ya ves que no estoy muerto, tuviste una alucinación- dijo el con voy suave y cariñosa- vuelve a dormirte ya te despertaré después, necesitas dormir.-

-¿A dónde vamos? Por cierto- se volvió a incorporar para mirar a los ojos a Ducain- ¿cómo te llamabas? Es que… No recuerdo casi nada.-

-Vamos a parar ahora en un pueblo a unas treinta leguas de aquí, aún queda camino- la volvió a recostar contra su pecho- y me llamo Ducain. Aunque se escriba con una “a” y una “i” se pronuncia “Duquen”.-

-Mmm.- murmuró Aledis, que ya estaba en otra parte. Y el saber eso le hizo sonreír como un idiota a Ducain.

-Tielo- lo llamó- se ha despertado, necesitamos llevarla a un lugar seguro, ¿no podemos atajar por ningún lado?-

-No lo sé. Al ser de noche no quiero aventurarme por ningún camino desconocido. Pararemos aquí en un claro más adelante, ¿vale?-

-Está bien-

Llegaron a un claro unos diez minutos después. Ducain paró el caballo y lo llevó hasta un árbol apartado. El claro era más grande de lo que Ducain se esperaba; era circular y tenía un pequeño estanque. Cuando estuvo lo suficientemente apartado, ató el caballo a una rama de un árbol cercano, colocó una manta en el suelo y puso a Aledis sobre ella y tras ello, puso una sábana de piel sobre 

Aledis para que no se quedara fría durante la noche.

Soledad y Tielo observaban todo esto con cariño, por parte de Sol, y con asombro, por parte de Tielo.
Ducain, su amigo que siempre arreglaba todo a golpes y el más rudo que conocía, arropando a una chica que acababa de conocer; eso era impensable para Tielo.

-Ducain- lo llamó. El aludido se acercó mirando todo el rato hasta donde Aledis se encontraba- ¿Y eso?- alzó una ceja y se puso una sonrisa ladeada.

-¿Eso qué?- dijo Ducain mirándole extrañado y volviéndose por decimocuarta vez hacia Aledis.´

-Deja de volverte, parece que tienes un tick o algo- dijo cogiendo a su amigo por los hombros-. Me refiero a que te preocupas mucho por ella, sabes que no te puedes encariñar, ¿no? Ella es tres años más pequeña que nosotros, sabes que aunque lo solicites nunca te darán el permiso de ser su curador.- y al decir esto Ducain lo miró como si ya lo supiera pero le diese igual.

-Ya lo sé, pero no quiero que nadie la haga nada- dicho esto se fue, quedando como si fuera un hermano mayor sobreprotector.
[-]

Aledis se despertó por la mañana, descansada, pero desorientada. Estaba tumbada en una manta y con una sábana de piel sobre ella. Rápidamente buscó a Soledad con la mirada y la vio en un lado del claro, descansando junto a Tielo; relajada tras saber que su hermana se encontraba bien, buscó esta vez a Ducain, pero no lo encontró.

En el claro había un pequeño lago, del que salía un riachuelo. Aledis decidió seguirlo, tal vez así encontrara a Ducain.

Empezó a andar entre los árboles y empezó a pensar en lo que la había pasado; primero siguió a su hermana hasta el pueblo hablando sobre Ducain y Tielo, después se marchó enfadada y cuando la alcanzó su hermana junto con Ducain y Tielo discutió con ella, pero una flecha atravesó el pecho de Ducain supuestamente…

-Hey, cuidado por dónde andas- se chocó contra Ducain y la miró extrañada, ya que no se lo esperaba-.  ¿Qué tal estás? Anoche no se te veía muy bien y me preocupaste bastante cuando te incorporaste sin poder respirar.-

-Ehh… Si esto… Hola, Ducain… ¿Cómo que sin poder respirar? Anoche no me desperté en ningún momento.-

-¿No lo recuerdas?- Ducain se preocupó mucho. Si era verdad que no recordaba nada, tenían que darse prisa en llegar al colegio para que Gran Madre la viera. No era normal.

-Pues, no- Aledis rió suavemente.

-Vamos- Ducain cogió la mano de Aledis y la arrastró de nuevo al claro, donde despertó a Tielo y a 

Sol gritándoles que se dieran prisa y recogieran, que luego los explicaría todo. Empezó a recoger la sábana y la manta, cogió a Aledis y la subió al caballo; luego se subió él, esperó a que Sol y su amigo estuvieran listos y salieron corriendo del claro en dirección al colegio.

-¡Ducain! ¿Qué pasa?- Tielo alcanzó a Ducain- Ducain, para un poco y explica que pasa.

-No recuerda nada de lo que pasó anoche- Tielo agrandó los ojos- Lo sé, hay que darse prisa y llevarla con Gran Madre.-

-¿Quién es Gran Madre?- preguntó Sol.

-Es la directora de curadores del colegio, como aún no la han emparejado, tiene que ser ella quien la ayude.- explico Tielo, ya que Ducain había acelerado a su caballo y había ganado tres metros de ventaja.- ¡Ducain!- dijo Tielo mientras se ponía al lado de su amigo- Venga, es algo puntual, no hay que preocuparse tanto.-

-¿Y si la pasa como a ti? Ah no, no Tielo, no.-

-No la va a pasar nada de eso, porque ya sabes qué ocurrió conmigo, todo fue culpa de mi padre. A ella, no la han hecho lo que me hacían a mí.- Ducain no dijo nada sabiendo que su amigo tenía razón, simplemente miró al suelo y Tielo entendió su respuesta.

Como era pronto en la mañana, decidieron seguir ese ritmo, un galope rápido y sin descanso, para poder llegar al colegio por la tarde.

Aledis se quedó dormida a la media hora y eso hizo que aumentaran la velocidad, pero tuvieron que parar de repente.

-¡Ahh!- Aledis se despertó de repente con fuego en la mano y Ducain detuvo su caballo- ¡Ahhh! ¡Ducain! No… No se apaga ¡Ducain!-

-Shh, tranquila tranquilízate, no quema, ¿ves?- Ducain cogió la mano de Aledis – es solo un ataque, tranquilízate e intenta apagar el fuego-.

-¿Qué? ¿Cómo lo apago?- Ducain contestó que cerrara los ojos y se imaginara que lo apagaba- No creo que funcione.-

-Hazlo, Aledis- Ducain seguía cogiéndola de la mano. Aledis cerró los ojos e intentó apagarlo; lo consiguió- Ya está, lo hiciste.


-Ducain, vamos, tenemos que llegar al colegio.-  dijo Tielo unos metros más adelante poniendo en marcha su caballo de nuevo.

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